El humor como método de alienación y resignificación de la tragedia
Este texto fue escrito originalmente como trabajo para la asignatura Lengua y Literatura y posteriormente revisado para su publicación en este blog.
El humor suele asociarse con el entretenimiento; sin embargo, a lo largo de la historia también ha cumplido funciones sociales mucho más complejas. En contextos de crisis, pobreza y odio, los individuos y las comunidades han recurrido al humor como una forma de soportar aquello que parece insoportable.
A partir de esta idea, el presente trabajo analizará cómo el humor puede funcionar tanto como un mecanismo de alienación, al distanciar a los sujetos de las causas reales de su sufrimiento, y, a su vez, como una herramienta de resignificación, capaz de convertir experiencias traumáticas en una mejor interpretación de sí.
Para ello, incorporará las obras de Henri Bergson, Karl Marx y Viktor Frankl, y el análisis se organizará en tres apartados: una caracterización del humor como fenómeno social, su posible función alienante y su capacidad de resignificar experiencias traumáticas.
El Humor
El humor suele manifestarse a través de lo cómico, siendo la risa su expresión más característica. En La risa, de Henri Bergson (1899), se sostiene que la risa constituye un fenómeno exclusivamente humano y social.
No surge simplemente de lo que resulta gracioso, sino de la percepción de cierta rigidez o mecanización en la conducta humana. Reímos cuando observamos que una persona actúa de manera automática allí donde debería mantenerse la flexibilidad propia de la vida, en un intento de sancionar esta falta de flexibilidad.
Y al ser esta risa humana, y el humano un animal que se desarrolla dentro de una sociedad, también la risa es un producto social como lo es el lenguaje. Es notorio entonces cuando Bergson escribe que “La risa debe responder a ciertas exigencias de la vida común. La risa debe tener una significación social” (Bergson, 2008, p. 8). La risa no surge únicamente de una conducta rígida, sino también del reconocimiento social de esa rigidez.
Partiendo de este marco conceptual, podemos entender que la principal función social de la risa es una corrección (Ibídem, p. 38), pero, ¿no sería reductivo pensar que es su única función?
La Alienación
Si entendemos que este mecanismo es social, es inútil no analizar cómo opera el humor como respuesta al sufrimiento colectivo. Esto se debe a que, como vimos que la risa regula comportamientos, normaliza ciertas situaciones y corrige otras, es ahí cuando adquiere una función ideológica (es decir, que empieza a caracterizar a una sociedad, o, en nuestro caso, a la manera de actuar esperada).
Cuando una persona separa su consciencia de las condiciones reales en las que vive, ocurre una especie de alienación (Distanciamiento, enajenación). Es ésta la que ocurre a la vez cuando una situación que no queremos reconocer es risible, necesitamos, por tanto, volverla soportable a través de la naturalización que permite la risa.
Pero, ¿puede una persona tener un temperamento más resistente a sentirse mal? Por supuesto, pero no hace que se elimine la causa para sentirse de esa forma solamente por evitarlo. En todo caso, ese temperamento puede ser más resistente justamente por incorporar dentro de sí al humor, a la risa, como mecanismo de alienación de la causa dolorosa.
Por ejemplo, cuando reímos para evitar sentirnos mal, o, en su defecto, evitar mostrar que nos sentimos mal. La risa no solo sanciona socialmente ciertos comportamientos: también nos permite distanciar nuestra mente de aquello real y material que nos hace sufrir.
El humor puede operar como una forma de distanciamiento subjetivo (de la persona) respecto del sufrimiento, funcionando ideológicamente como una normalización de las condiciones que producen dicho malestar. Bergson explica que estas correcciones sociales no son solamente para “mantenernos flexibles”, sino de modificar las costumbres y normalizar ciertos comportamientos entendidos como necesarios (Ibídem, pp. 55-56).
Aunque Marx no desarrolla el humor específicamente, su concepto de alienación permite reinterpretarse de forma más amplia para entender la risa como una posible válvula de escape frente al sufrimiento social. Por decirlo de una manera, como una anestesia ante el dolor que nos traen las realidades de vivir en la sociedad actual, tanto triviales como límite (Marx, 2001, pp. 185-187). Entonces podemos afirmar que, si bien el humor no puede eliminar al dolor, este puede modificar esa relación subjetiva entre el sujeto y la causa de su malestar.
Cuando Marx desarrolla su crítica a la religión y al dolor por el que pasan las personas religiosas, él explica que la miseria religiosa no es más que “la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra la miseria real” (Marx, 2023, 46). Del mismo modo, y, tomando la primera parte de esta declaración, la risa sobre la miseria, sobre la rigidez de la situación que nos causa malestar, es la expresión de la miseria real alienada.
Podemos entender que en el acto de la risa, de la realización del humor, puede ocurrir la alienación. ¿O quién no se rió con un meme sobre la crisis económica? Sabemos que es real y nos afecta, pero la apartamos momentáneamente de nuestro pensamiento y la tratamos como si no fuera así solo por el momento de la risa.
Incluso en las épocas más oscuras de la humanidad se ha usado el humor en todo momento como una forma de no dirigirnos a nuestras emociones. Claro ejemplo es el caso de los prisioneros de los campos de concentración en la Alemania Nazi (Frankl, 1996, pp. 30-31). Cuando ocurre una situación terrorífica de tal magnitud, completamente fuera de nuestro control, y el sedante no basta para encontrar voluntad, ¿qué se puede hacer salvo tomar la narrativa a nuestra propia manera?
La Resignificación
Las experiencias dolorosas son comunes a todos los seres humanos, en algunos casos de forma más grave que otras, incluyendo la pérdida de seres queridos o situaciones de odio contra un grupo.
Tal como Frankl entendió su trayecto por los campos de concentración nazi, el humor formó parte esencial de lo que él considera una búsqueda de un sentido (el sentido para seguir vivo) en ese momento de gran dolor (Ibídem, p. 30). ¿Y cómo podría tener sentido seguir viviendo frente a la alternativa de tanto sufrimiento? Múltiples factores ayudaron a los distintos cautivos a encontrar razón para mantener su voluntad de seguir viviendo, incluso Frankl cuenta que cuando viajaban de Auschwitz a Dachau: “nos reímos y contamos chistes a pesar de las cosas que tuvimos que soportar durante las horas que siguieron” (Ibídem, p. 31)
Esto permite pensar una especie de contradicción: Si el humor puede servir como mecanismo alienante, ¿cómo puede ser también una fuente de realización o alegría?
La contradicción se resuelve cuando entendemos que el humor puede alienarnos momentáneamente de la causa del sufrimiento sin negarla por completo. Esa distancia permite transformar la tragedia en una experiencia comprensible y soportable.
La sátira, la ironía y el humor negro son las mejores herramientas para canalizar esta transformación y reconfigurar nuestra consciencia, no para evitarla permanentemente, sino para poder observarla a través de nuestros mecanismos sociales, como lo es la risa.
¿Acaso diversos grupos históricamente discriminados no han resignificado términos ofensivos mediante usos irónicos o humorísticos? ¿No los usaron de forma risible para resignificar la relación histórica que existía como algo que es superable?
O, ejemplificando de una manera más individual, cuando sentimos que no podemos cambiar el comportamiento del otro, ¿no recurrimos a bromear o satirizar las mismas conductas?
Incluso con grandes figuras históricas y culturales ocurre una resignificación a través del distanciamiento que genera la comedia, como marca Marx cuando sostiene que Hegel, al decir que todos los grandes hechos y personajes se repiten, olvidó agregar que “una vez como tragedia y la otra como farsa” (Marx, 2003, p. 9).
Lo mismo cuando, en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel afirma que:
La historia es rigurosa y atraviesa muchas fases cuando lleva a una forma vieja a la tumba. La última fase de una forma histórico-universal es su comedia. Los dioses de Grecia, ya heridos de muerte una vez trágicamente en el Prometeo encadenado de Esquilo, tuvieron que volver a morir cómicamente en los Diálogos de Luciano. ¿Por qué esta trayectoria de la historia? Para que la humanidad se separe risueñamente de su pasado. (Marx, 2023, p. 51)
Conclusiones
Entonces nos damos cuenta que existe una dualidad en las funciones del humor externas al simple castigo social: y entre ellas hay una conciliación grande. Si bien al alienarnos de la situación trágica perdemos la agencia total de ese problema, la distancia que se genera nos permite resignificarlo.
No son completamente contrarios, ambos se pueden complementar para ejecutar las funciones del humor: sin la distancia que genera el chiste, la risa, o encontrar lo comédico en una situación, no podemos dirigirnos a él sin tener que soportar una carga mucho mayor para nuestra consciencia.
Es en esa distancia entre el dolor y la risa donde el humor puede, si bien no eliminar de raíz la tragedia, transformar la relación que tenemos con ella, permitiéndonos reír y continuar.
Referencias
Bergson, H. (2008). La risa: ensayo sobre el significado de la comicidad (1899) (R. Blanco, Trans.). Ediciones Godot.
Frankl, V. E. (1996). El hombre en busca de sentido. Herder.
Marx, K. (2001). Manuscritos de economía y filosofía (1844) (F. Rubio Llorente, Ed.; F. Rubio Llorente, Trans.). Alianza Editorial.
Marx, K. (2003). El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Fundación Federico Engels.
Marx, K. (2023). De la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843-1844) (G. Caligaris & F. García Chicote, Eds.; G. Caligaris & F. García Chicote, Trans.). GEDISA.